Vamos a abordar otro de los problemas más frecuentes en las ventas: querer vender, en lugar de aportar valor.

Aparte de esto, otro de los errores más habituales es pensar en las ventas y en los clientes a corto plazo. Los negocios que funcionan siempre piensan a largo plazo. Respecto a las ventas, solemos ver al cliente, como a alguien que quiero captar y del que puedo obtener un beneficio en este momento.

Por lo que, en base a esto, las conclusiones que saques al pensar en tu producto o servicio, no deben ser sobre sus características, si no desde el punto de vista del que lo consume. ¿Qué obtiene mi cliente por consumir este producto o servicio? Única pregunta que te tiene que preocupar.

Cuando un cliente compra, compra las emociones que le provoca el producto. Las ventas no son más que un torrente de sustancias químicas que se producen en el cuerpo en el momento en el que una persona tiene interés por adquirir un producto o servicio y eso es lo que te tiene que importar.

¿Qué sustancias químicas se generan en el cuerpo del cliente? Cuando tu cliente desea algo, aparece la dopamina, sustancia química que genera nuestro cuerpo cuando tienes ganas de tener un servicio o producto. Cuando pienso que es lo que voy a conseguir una vez lo tenga.  Una vez consumido, aparecen las endorfinas, siempre que el resultado haya sido positivo, es decir, las que provocan cierta sensación de felicidad.

Por lo que, lo que tenemos que plantearnos realmente en primer lugar es: ¿cómo hago que mi producto o servicio genere dopaminas en la mente de mi cliente? y por supuesto, en segundo lugar, cómo hacer que la experiencia de tu cliente sea bárbara y única.

A partir de ahora, estruja tus neuronas y empieza a pensar en tu producto o servicio no en base a lo que es, si no en base a las sustancias químicas que es capaz de generar en tu cliente antes, durante y después del proceso de compra.

 

Vamos a abordar otro de los problemas más frecuentes en las ventas: querer vender, en lugar de aportar valor.

Aparte de esto, otro de los errores más habituales es pensar en las ventas y en los clientes a corto plazo. Los negocios que funcionan siempre piensan a largo plazo. Respecto a las ventas, solemos ver al cliente, como a alguien que quiero captar y del que puedo obtener un beneficio en este momento.

Por lo que, en base a esto, las conclusiones que saques al pensar en tu producto o servicio, no deben ser sobre sus características, si no desde el punto de vista del que lo consume. ¿Qué obtiene mi cliente por consumir este producto o servicio? Única pregunta que te tiene que preocupar.

Cuando un cliente compra, compra las emociones que le provoca el producto. Las ventas no son más que un torrente de sustancias químicas que se producen en el cuerpo en el momento en el que una persona tiene interés por adquirir un producto o servicio y eso es lo que te tiene que importar.

¿Qué sustancias químicas se generan en el cuerpo del cliente? Cuando tu cliente desea algo, aparece la dopamina, sustancia química que genera nuestro cuerpo cuando tienes ganas de tener un servicio o producto. Cuando pienso que es lo que voy a conseguir una vez lo tenga.  Una vez consumido, aparecen las endorfinas, siempre que el resultado haya sido positivo, es decir, las que provocan cierta sensación de felicidad.

Por lo que, lo que tenemos que plantearnos realmente en primer lugar es: ¿cómo hago que mi producto o servicio genere dopaminas en la mente de mi cliente? y por supuesto, en segundo lugar, cómo hacer que la experiencia de tu cliente sea bárbara y única.

A partir de ahora, estruja tus neuronas y empieza a pensar en tu producto o servicio no en base a lo que es, si no en base a las sustancias químicas que es capaz de generar en tu cliente antes, durante y después del proceso de compra.

 


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