La marca lo es todo. Cualquier persona que esté en el mundo de los negocios lo sabe. En el momento que tu creas un negocio, existe una marca, existen un conjunto de valores y de expectativas con lo que tus potenciales clientes te identificarán.

El cuidado de una marca es fundamental de cara al éxito empresarial. Una marca debe tener vida y tiene que ir acorde a los valores que quiere transmitir tu empresa.

Sin embargo, no parece que todo el mundo lo aplique. De hecho, no es que no la cuidan, es que se convierten en verdaderos terroristas de su marca.

Aquí os vamos a exponer una serie de ejemplos de prácticas que atentan contra las marcas:

Incoherencia:

Mantener la coherencia de tu marca es fundamental. La coherencia es el resultado de unos objetivos definidos, de tener las ideas claras y unos principios sólidos. Por ejemplo, si uno de tus valores es la inmediatez de tu servicio, no puedes permitirte sobrepasar los plazos que acuerdes con tu cliente. En el momento que pierdes la credibilidad, lo pierdes todo. Recuerda, no hay publicidad más contagiosa, que la mala publicidad.

Aislamiento:

Uno de los grandes problemas de las actuales empresas es decir cómo son y qué son, pero no mostrarlo. De nada sirve ser un increíble cocinero sino lo muestras o lo compartes. Del mismo modo sucede con la marca, sino muestras tus valores, no sirve para nada.

Carencia de propósito:

Está claro que un objetivo a la hora de crear un negocio es el de generar riqueza, sin embargo, esto debe ser una consecuencia de conseguir un fin. Tu negocio debe estar orientado a servir, a conseguir un fin, ¿a qué fin está dedicado tu negocio?

Sin identidad:

Cualquier empresa debe tener su propia identidad. No todas las panaderías son iguales, ni todas las panaderías son para todas las personas. Tienes que crear una identidad acorde con tu público objetivo. Tienes que diseñar una forma de atender a tu cliente, una forma de enviar facturas, una forma de decorar tu oficina… Todo ello alimentará tu identidad.

Creencias limitantes:

Pereza, perfeccionismo, falsas ideas inculcadas en la infancia, complejo de inferioridad… Muchas personas saben qué quieren hacer, pero pocas personas se ponen en marcha. Quizás el monstruo se encuentre dentro de ti mismo…

Propuesta irrelevante:

Ofreces un servicio y PUM, desastre, no funciona. Quizá es que lo que das simplemente es bueno para ti, no para tu cliente. Crear un negocio no significa venderte a ti, porque no eres tú quien compra tu producto.

Falta de “química”: 

La marca debe seducir a tu cliente. Tus valores deben ir acordes a los de tus clientes. Para ello deberás conocerlos casi al 100%, saber que es lo que quieren para poder dárselo.

Y tú, ¿trabajas tu marca en estas 7 vías?


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