El aroma del café recién hecho forma parte de los recuerdos de Fran Bernal desde siempre. Su familia tenía un tostadero de café en la planta baja de la casa familiar que lo llenaba todo por lo que no es de extrañar que su vida profesional haya estado vinculada a este producto. Tras hacerse cargo, junto a una hermana, del tostadero de café, hoy instalado en un polígono industrial de Cartagena, quiso dar un paso más: transformar la pequeña tienda de venta de café de calidad y recién tostado -que ocupaba el bajo de la antigua casa familiar- en un laboratorio de café. Así nació CaféLab. Fue al mismo tiempo una apuesta para poner en valor su café de calidad y un reto ilusionante para la segunda generación al frente del negocio familiar.

cafelab-level-up-1Sorprender al cliente con una experiencia en el consumo genera recomendación y fidelización porque vuelve. ¿Cuáles son los ingredientes para conseguirlo? Fran Bernal, creador y gerente de CaféLab lo tiene claro: “Pensamos que la clave de nuestro éxito es la diferenciación. Ni es el café, ni el local, ni el servicio por sí solo, sino que es un conjunto de todo: un local especial, buen producto, no sólo en el café sino en general, y mucho hincapié al personal – que es quien está todo el día con el cliente- en el servicio y el trato. Insistimos en el hecho de disfrutar el café y vivir la experiencia de tomar ese café así”.

Este establecimiento, situado en el barrio de Ciudad Jardín de esta ciudad murciana, acaba de cumplir un año y se ha posicionado como un lugar diferente en el que tomar un buen café, o comprar café de calidad recién tostado en el caso de los hosteleros. Entrar en CaféLab es hacerlo en un nuevo concepto de cafetería que tiene en el producto, decoración y atención sus puntos fuertes. Hacen tres o cuatro variedades de café expreso que rotan cada cierto tiempo para facilitar que se puedan probar distintos perfiles. Tienen bebidas dulces con base de café a las que añaden nata o chocolate. Elaboran café como infusión. Destilan café. Y para acompañar no faltan las tartas, cookies, variedad de panes para el desayuno –incluido uno de café inventado junto a su panadero de cabecera-, variedad de sales y aceites para las tostadas o de cereales. Y por supuesto para quien no bebe café, pero acompaña a quien sí lo hace, ofrece refrescos o cerveza, pero también diferentes: los refrescos son ecológicos y certificados por el sello de comercio justo Fair Trade, y la cerveza artesana es exclusiva del local.

cafelab-level-up-3“Cuando presentamos la bebida, sobre todo en el caso del expreso, explicamos al cliente lo que va a tomar y por qué la acidez, el aroma, etcétera, es el que es. Un poco como se hace con el vino”, dice Bernal. Y es que CaféLab defiende a capa y espada la cultura del café, tanto entre los hosteleros a los que forma para elaborar el mejor café, como al cliente final para que pida café de calidad en los establecimientos que frecuenta. Esta cultura del café es el embrión de CaféLab. “La idea era diferenciarnos de otros tostaderos con los que competimos en la venta de café a la hostelería y crear una especie de escaparate con este establecimiento porque el cliente no valoraba nuestro punto fuerte – café de calidad y recién tostado- sino que pusieras la máquina o el molinillo”, explica Bernal. Darle una vuelta de tuerca al tostadero.

Y decidieron crear un lugar bonito, impregnado del mundo del café que hoy les diferencia de su competencia y “que nos ha servido para hacer clientes y fidelizar al hostelero que ya no compra dependiendo si le pones la máquina o no. Nosotros vendemos café”.

Ambiente industrial pero cercano

Su decoración completa su diferenciación. Realizada con piezas de máquinas cafeteras recicladas lo convierten en un lugar original y sorprendente. Cafeteras italianas suspendidas del techo, cacillos de café como manillas de puertas, tubos de máquinas como soportes, depósitos como lavabos, tablones antiguos reciclados como mesas…

cafelab-level-up-2“Estamos consiguiendo sorprender y el que viene se lo recomienda a otro y aunque piensan que será un sitio más, cuando vienen se sorprenden y así se genera una cadena que crea fidelidad”, explica Fran Bernal.

Fue precisamente en una degustación de café en un evento donde Bernal entró en contacto con Level UP y sus cursos. “Daban una charla y acabé dentro”, explica. “A lo mejor de no haber hecho su formación no habría buscado la excelencia de una forma tan clara en el servicio y en la diferenciación”, reflexiona. Ahora CaféLab afronta una nueva e ilusionante etapa. Con tan solo un año de vida abrirá su segundo establecimiento, en propiedad, en Murcia en un mes. Ambos locales pueden ser el germen de una red de franquicias que ya se está analizando ante la demanda de aperturas en otros puntos de España.

El local emplea a 5 personas, a las que suman las 7 del tostadero, y está en pleno desarrollo de una nueva estrategia de marketing, protocolos, y actividades de degustación, catas y formación para la hostelería. Quieren estar posicionados ante la más que probable explosión del movimiento barista que llegó a España en 2005 procedente del norte de Europa. “El barista será para el café lo que el sumiller es hoy para el vino”, dice Bernal, “y conocerá todo sobre la planta, variedad, tueste y elaboración”. CaféLab tiene un aula de formación en la que ya se imparten cursos de barista en su afán por “llevar al extremo la profesionalidad”.


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